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miércoles, 11 de enero de 2012 | By: Luis Alberto Medina Huamaní

Anatomía de un país desconocido

Por: Nelson Manrique 

Que el gobierno haya designado el 2012 como el “Año de la Integración Nacional y el Reconocimiento de Nuestra Diversidad” es una buena ocasión para intentar conocernos mejor. Una condición básica para el re-conocimiento es el conocimiento previo: saber quiénes somos.

La Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) del 4º trimestre del 2001 contiene información que aunque ya tiene una década es muy valiosa para saber cómo se definen a sí mismos los peruanos según su origen étnico . Hasta 1940 la “raza” constituía una categoría censal, pero por lo general era el encuestador quien definía quién era -según las categorías censales entonces existentes- blanco, mestizo, indio, negro o chino. Luego de 1940 se eliminó la categoría “raza” en los análisis y se optó por investigar la identidad étnica. Lo excepcional de la ENAHO citada es que recoge la autodenominación étnica por la que optan los encuestados y esto aporta una visión sorprendente.

Del total de la población peruana, se autodefinen como mestizos un 58.1%, quechuas un 30.1%, aymaras 4.0%, blancos e indígenas amazónicos 2.9% cada uno (son nuestras minorías étnicas), negros, mulatos y zambos 1.1%, y “otros” (que incluye a los de origen asiático) 0.9%. Una amplia mayoría de los peruanos se autodefine como mestiza y una cantidad muy reducida como blanca. Lo sorprendente es que, si se suman las categorías de quechua, aymara y amazónico, un 37% de los peruanos se autodefine como indígena, lo cual contradice la percepción de que lo indígena es hoy marginal en el Perú. Y si se suma a esta cifra la de “mestizos” se concluye que un 95.1% de los peruanos reconoce tener un origen andino.

Es en la región norte donde se concentra la mayoría de quienes se autodefinen como mestizos; en Cajamarca, Lambayeque y La Libertad se consideran tales más del 90% de los pobladores y en Tumbes el 88.5%. En Tumbes y Piura está la mayor cantidad de quienes se autodefinen como blancos, pero siendo estos una minoría a nivel nacional, su peso en los departamentos aludidos es modesto: 7.1% y 6.1%, respectivamente. Los departamentos donde los mestizos constituyen una minoría (en Puno y Apurímac son menos del 10%) son aquellos donde la población indígena es aplastantemente mayoritaria.


Un último detalle significativo es que en el departamento de Lima un 26.8% de los habitantes se autodefine como quechua, y los aymaras y amazónicos aportan un 2.9% adicional. Alrededor de un 30% de los limeños se autodefinen pues como indígenas, y a esto hay que añadir que hoy Lima es el departamento que concentra la mayor cantidad de quechuahablantes en el Perú.

La presencia de lo indígena es mucho mayor en los departamentos serranos. Quienes se definen como de origen quechua llegan al 90.5% en Apurímac, 86.9% en Ayacucho, 76.8% en Cusco, 70.4% en Huancavelica. Aunque a nivel nacional los aymaras constituyen apenas el 4.0% de la población, en Puno constituyen el 43.4%, en Moquegua el 27.9% y en Tacna, oh sorpresa, el 53.0%. Si en este último departamento se suman los quechuas y los aymaras se llega al 58.7% de la población departamental, y en Puno al 95.3%. Existen pues una buena cantidad de departamentos donde los indígenas constituyen una amplia mayoría de la población. En Áncash, Arequipa y Huánuco están por encima del 50%. Pero las leyes no reconocen esta realidad y se vulnera derechos elementales de la mayoría de los ciudadanos.


Sin embargo es muy improbable que los lectores escuchen alguna vez hablar quechua en las calles, como sí sucede, por ejemplo, en Quito o La Paz. La razón no es difícil de comprender: hablar quechua, aymara o alguna lengua amazónica es exponerse al desprecio y la discriminación. Los hablantes de las lenguas originarias se protegen escondiendo su identidad lingüística. Esa es una de las peores heridas dejadas por la dominación colonial.

Un último detalle significativo es que en el departamento de Lima un 26.8% de los habitantes se autodefine como quechua, y los aymaras y amazónicos aportan un 2.9% adicional. Alrededor de un 30% de los limeños se autodefinen pues como indígenas, y a esto hay que añadir que hoy Lima es el departamento que concentra la mayor cantidad de quechuahablantes en el Perú. Sin embargo es muy improbable que los lectores escuchen alguna vez hablar quechua en las calles, como sí sucede, por ejemplo, en Quito o La Paz. La razón no es difícil de comprender: hablar quechua, aymara o alguna lengua amazónica es exponerse al desprecio y la discriminación. Los hablantes de las lenguas originarias se protegen escondiendo su identidad lingüística. Esa es una de las peores heridas dejadas por la dominación colonial. Mejor que reprimir por la violencia la cultura de los vencidos (como se pretendió luego de la derrota de Túpac Amaru) es enseñarles a avergonzarse de ser quienes son.

( Tomado de http://www.larepublica.pe/columnistas/en-construccion/anatomia-de-un-pais-desconocido-10-01-2012)
domingo, 4 de septiembre de 2011 | By: Luis Alberto Medina Huamaní

Más información, menos conocimiento Por: Mario Vargas Llosa


Tomado de La República:
¿Era usted un ávido lector hasta que un día descubrió la Internet y de pronto dejó de sentir el papel entre sus manos para sentarse horas de horas frente a una pantalla de una computadora? Si lo es, entonces no se puede perder hoy domingo la columna Piedra de Toque, del Nobel Mario Vargas Llosa, cuyo solo título "Más información, menos conocimiento", dice todo.

Más información, menos conocimiento
Por: Mario Vargas Llosa
Nicholas Carr estudió Literatura en Dartmouth College y en la Universidad de Harvard y todo indica que fue en su juventud un voraz lector de buenos libros. Luego, como le ocurrió a toda su generación, descubrió el ordenador, el Internet, los prodigios de la gran revolución informática de nuestro tiempo, y no sólo dedicó buena parte de su vida a valerse de todos los servicios online y a navegar mañana y tarde por la red; además, se hizo un profesional y un experto en las nuevas tecnologías de la comunicación sobre las que ha escrito extensamente en prestigiosas publicaciones de Estados Unidos e Inglaterra.
Un buen día descubrió que había dejado de ser un buen lector, y, casi casi, un lector. Su concentración se disipaba luego de una o dos páginas de un libro, y, sobre todo si aquello que leía era complejo y demandaba mucha atención y reflexión, surgía en su mente algo así como un recóndito rechazo a continuar con aquel empeño intelectual. Así lo cuenta: “Pierdo el sosiego y el hilo, empiezo a pensar qué otra cosa hacer. Me siento como si estuviese siempre arrastrando mi cerebro descentrado de vuelta al texto. La lectura profunda que solía venir naturalmente se ha convertido en un esfuerzo”.
Preocupado, tomó una decisión radical. A finales de 2007, él y su esposa abandonaron sus ultramodernas instalaciones de Boston y se fueron a vivir a una cabaña de las montañas de Colorado, donde no había telefonía móvil y el Internet llegaba tarde, mal y nunca. Allí, a lo largo de dos años, escribió el polémico libro que lo ha hecho famoso. Se titula en inglés The Shallows: What the Internet is Doing to Our Brains y, en español: Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus, 2011). Lo acabo de leer, de un tirón, y he quedado fascinado, asustado y entristecido.
Carr no es un renegado de la informática, no se ha vuelto un ludita contemporáneo que quisiera acabar con todas las computadoras, ni mucho menos. En su libro reconoce la extraordinaria aportación que servicios como el de Google, Twitter, Facebook o Skype prestan a la información y a la comunicación, el tiempo que ahorran, la facilidad con que una inmensa cantidad de seres humanos pueden compartir experiencias, los beneficios que todo esto acarrea a las empresas, a la investigación científica y al desarrollo económico de las naciones.
Pero todo esto tiene un precio y, en última instancia, significará una transformación tan grande en nuestra vida cultural y en la manera de operar del cerebro humano como lo fue el descubrimiento de la imprenta por Johannes Gutenberg en el siglo XV que generalizó la lectura de libros, hasta entonces confinada en una minoría insignificante de clérigos, intelectuales y aristócratas. El libro de Carr es una reivindicación de las teorías del ahora olvidado Marshall McLuhan, a quien nadie hizo mucho caso cuando, hace más de medio siglo, aseguró que los medios no son nunca meros vehículos de un contenido, que ejercen una solapada influencia sobre éste, y que, a largo plazo, modifican nuestra manera de pensar y de actuar. McLuhan se refería sobre todo a la televisión, pero la argumentación del libro de Carr y los abundantes experimentos y testimonios que cita en su apoyo indican que semejante tesis alcanza una extraordinaria actualidad relacionada con el mundo del Internet.
Los defensores recalcitrantes del software alegan que se trata de una herramienta y que está al servicio de quien la usa y, desde luego, hay abundantes experimentos que parecen corroborarlo, siempre y cuando estas pruebas se efectúen en el campo de acción en el que los beneficios de aquella tecnología son indiscutibles: ¿quién podría negar que es un avance casi milagroso que, ahora, en pocos segundos, haciendo un pequeño clic con el ratón, un internauta recabe una información que hace pocos años le exigía semanas o meses de consultas en bibliotecas y a especialistas? Pero también hay pruebas concluyentes de que, cuando la memoria de una persona deja de ejercitarse porque para ello cuenta con el archivo infinito que pone a su alcance un ordenador, se entumece y debilita como los músculos que dejan de usarse.
No es verdad que el Internet sea sólo una herramienta. Es un utensilio que pasa a ser una prolongación de nuestro propio cuerpo, de nuestro propio cerebro, el que, también, de una manera discreta, se va adaptando poco a poco a ese nuevo sistema de informarse y de pensar, renunciando poco a poco a las funciones que este sistema hace por él y, a veces, mejor que él. No es una metáfora poética decir que la “inteligencia artificial” que está a su servicio, soborna y sensualiza a nuestros órganos pensantes, los que se van volviendo, de manera paulatina, dependientes de aquellas herramientas, y, por fin, en sus esclavos. ¿Para qué mantener fresca y activa la memoria si toda ella está almacenada en algo que un programador de sistemas ha llamado “la mejor y más grande biblioteca del mundo”? ¿Y para qué aguzar la atención si pulsando las teclas adecuadas los recuerdos que necesito vienen a mí, resucitados por esas diligentes máquinas?
No es extraño, por eso, que algunos fanáticos de la Web, como el profesor Joe O’Shea, filósofo de la Universidad de Florida, afirme: “Sentarse y leer un libro de cabo a rabo no tiene sentido. No es un buen uso de mi tiempo, ya que puedo tener toda la información que quiera con mayor rapidez a través de la Web. Cuando uno se vuelve un cazador experimentado en Internet, los libros son superfluos”. Lo atroz de esta frase no es la afirmación final, sino que el filósofo de marras crea que uno lee libros sólo para “informarse”. Es uno de los estragos que puede causar la adicción frenética a la pantallita. De ahí, la patética confesión de la doctora Katherine Hayles, profesora de Literatura de la Universidad de Duke: “Ya no puedo conseguir que mis alumnos lean libros enteros”.
Esos alumnos no tienen la culpa de ser ahora incapaces de leer La Guerra y la Paz o el Quijote. Acostumbrados a picotear información en sus computadoras, sin tener necesidad de hacer prolongados esfuerzos de concentración, han ido perdiendo el hábito y hasta la facultad de hacerlo, y han sido condicionados para contentarse con ese mariposeo cognitivo a que los acostumbra la red, con sus infinitas conexiones y saltos hacia añadidos y complementos, de modo que han quedado en cierta forma vacunados contra el tipo de atención, reflexión, paciencia y prolongado abandono a aquello que se lee, y que es la única manera de leer, gozando, la gran literatura. Pero no creo que sea sólo la literatura a la que el Internet vuelve superflua: toda obra de creación gratuita, no subordinada a la utilización pragmática, queda fuera del tipo de conocimiento y cultura que propicia la Web. Sin duda que ésta almacenará con facilidad a Proust, Homero, Popper y Platón, pero difícilmente sus obras tendrán muchos lectores. ¿Para qué tomarse el trabajo de leerlas si en Google puedo encontrar síntesis sencillas, claras y amenas de lo que inventaron en esos farragosos librotes que leían los lectores prehistóricos?
La revolución de la información está lejos de haber concluido. Por el contrario, en este dominio cada día surgen nuevas posibilidades, logros, y lo imposible retrocede velozmente. ¿Debemos alegrarnos? Si el género de cultura que está reemplazando a la antigua nos parece un progreso, sin duda sí. Pero debemos inquietarnos si ese progreso significa aquello que un erudito estudioso de los efectos del Internet en nuestro cerebro y en nuestras costumbres, Van Nimwegen, dedujo luego de uno de sus experimentos: que confiar a los ordenadores la solución de todos los problemas cognitivos reduce “la capacidad de nuestros cerebros para construir estructuras estables de conocimientos”. En otras palabras: cuanto más inteligente sea nuestro ordenador, más tontos seremos.
Tal vez haya exageraciones en el libro de Nicholas Carr, como ocurre siempre con los argumentos que defienden tesis controvertidas. Yo carezco de los conocimientos neurológicos y de informática para juzgar hasta qué punto son confiables las pruebas y experimentos científicos que describe en su libro. Pero éste me da la impresión de ser riguroso y sensato, un llamado de atención que –para qué engañarnos– no será escuchado. Lo que significa, si él tiene razón, que la robotización de una humanidad organizada en función de la “inteligencia artificial” es imparable. A menos, claro, que un cataclismo nuclear, por obra de un accidente o una acción terrorista, nos regrese a las cavernas. Habría que empezar de nuevo, entonces, y a ver si esta segunda vez lo hacemos mejor.
Fuente:
http://www.larepublica.pe/31-07-2011/piedra-de-toque-mas-informacion-menos-conocimiento-por-mario-vargas-llosa

martes, 18 de agosto de 2009 | By: Luis Alberto Medina Huamaní

COLOQUIO INTERDISCIPLINARIO . AMORES DE(S)GENERADOS. HOMOEROTISMO EN EL PERÚ Y LATINOAMÉRICA: SABERES, DISCURSOS Y SUJETOS. 22 y 23 de octubre de 200

La Escuela de Literatura de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional Federico Villarreal y el Grupo de Estudios Literarios Latinoamericanos “Antonio Candido” (GELLAC), llaman a través de esta convocatoria a la participación en el Coloquio Interdisciplinario: Amores de(s)generados. Homoerotismo en el Perú y Latinoamérica: saberes, discursos y sujetos. Este evento tendrá lugar en Lima, Perú, los días 22 y 23 de octubre de 2009.En las últimas décadas del siglo XX, Latinoamérica ha experimentado la emergencia de un nuevo protagonista en sus manifestaciones artísticas y culturales: el sujeto homoerótico. Dicho sujeto es la representación de un nuevo personaje social y político que alza su voz de protesta en contra de la estructura falogocéntrica y la matriz heterosexual que lo condena a ser lo abyecto, lo excluido, lo subalterno. Es en este contexto que se hace necesario estudiar las implicaciones de la presencia de lo homoerótico en los saberes y discursos que definen nuestro continente. Para lograr esto es que invitamos a reflexionar, dialogar y debatir este tema tomando como referencia los siguientes puntos:

Temario
1. Homoerotismo. Alcances y limitaciones de la categoría
2. Homoerotismo y Literatura
3. Homoerotismo y Ciencias Sociales
4. Literatura, psicoanálisis y homoerotismo.
5. Literatura, filosofía y homoerotismo.
6. Homoerotismo y Artes Escénicas
7. Homoerotismo y Artes Plásticas
8. Homoerotismo e Industrias Culturales
9. Testimonios y Tanatografías
10. Teoría Queer
11. Lesbian Studies
12. Estudios subalternos y homoerotismo
13. Travestismo y parodia

Presentación de los trabajosResúmenes

Las propuestas de ponencias deberán ser enviadas vía correo electrónico hasta el 10 de setiembre de 2009. Las propuestas incluirán el título, el resumen (máximo 250 palabras, formato Word) y el nombre y afiliación institucional del/la ponente.PonenciasLas ponencias deberán ser enviadas en archivo Word (para la publicación de las memorias) antes del 10 de octubre de 2009. La extensión de estas no deberá ser mayor de 9 cuartillas a doble espacio, lo que equivale a 2500 palabras y 20 minutos de lectura.

Comisión organizadora

Grupo de Estudios Literarios Latinoamericanos “Antonio Candido” (GELLAC)Consultas y envíos de resúmenes y ponenciasRichard Leonardo Loayza rall31@hotmail.comGrupo de Estudios Literarios Latinoamericanos “Antonio Candido” (GELLAC) gellac@gmail.com

Universidad Nacional Federico Villarreal
Escuela de Lingüística y Literatura

Av. Nicolás de Piérola N° 351.
Lima. Perú.

Grupo de Estudios Literarios Latinoamericanos “Antonio Candido” (GELLAC)
Av. 6 de agosto 907 dpto. 313. Jesús María. Lima.


Richard Angelo Leonardo Loayza
Grupo de Estudios Literarios Latinoamericanos Antonio Candido (GELLAC)
www.gellac-unfv.blogspot.com
lunes, 23 de febrero de 2009 | By: Luis Alberto Medina Huamaní

EL AMOR ES PURA QUÍMICA...


La revista Muy Interesante ha publicado, en su página web, el siguiente artículo, que trata del amor y los avances científicos que podrían solucionar, vía oral o respiratoria... y acaso intravenosa, los problemas que surgen a causa del mismo ... Y, como si fuera poco, sería tan sencillo deshacerse de los problemas del desamor... Si se da ello, sería como "materializar" las flechas de cupido. ¡Vaya a saber Dios o el diablo -si existen- hasta dónde llegaremos... ¿Te imaginas tú comprando la píldora del amor -para atraer a la mujer que te quita el sueño cada día... o al príncipe de los sueños, en el caso de las chicas- en la esquina de tu casa... o en la botica más próxima? O, como ya no quieres sufrir más a causa del amor, de cupido y sus estúpidas flechas... ya está: solo hay que disminuir un poco de oxitocina de nuestro organismo y ya... chau penita de amor, con posdata y todo.


¿Podría una pastilla devolver la chispa a un matrimonio? ¿Sería posible materializar la famosa flecha de Cupido en una inyección? ¿Y crear una píldora para hacer desaparecer un amor no correspondido? Según afirma hoy en la revista Nature el investigador estadounidense Larry Young, del Centro Nacional de Primatología de la Universidad de Emory, descifrando los componentes químicos del amor podríamos “desarrollar fármacos que disminuyan o aumenten nuestros sentimientos hacia los demás”.

Para estudiar las reacciones cerebrales implicadas en el amor, Young ha trabajado con roedores, que son un buen modelo para las relaciones humanas porque "crean relaciones de pareja de por vida y crían a los hijos juntos". Y ha demostrado que este comportamiento es fácil de cambiar químicamente. En concreto, si se coloca a una hembra de rata de campo junto a un macho inyectándole oxitocina -una hormona que se vincula a aspectos sociales y de cuidados en el cerebro-, se vinculará pronto a ese macho. Por el contrario, reducir los niveles normales de oxitocina provocará el absoluto rechazo de su pareja sin importar cuántas veces mantenga relaciones sexuales con él. En otras palabras, una sola dosis de la hormona adecuada puede alterar drásticamente las relaciones en estos mamíferos.

En cuanto a humanos, “algunos experimentos ya han demostrado que una inyección nasal de oxitocina aumenta la confianza y ayuda a entender las emociones de los demás”, escribe Young en Nature. Y en Australia se investiga actualmente cómo utilizar esta hormona en spray como apoyo a las tradicionales terapias de pareja.

Por otra parte, recuerda Young, hay que tener en cuenta que el amor no se basa en una sola sustancia. Por ejemplo, algunos estudios han demostrado que las diferencias en un gen llamado complejo mayor de histocompatibilidad (MCH por sus siglas en inglés), que afecta al sistema inmune, puede estar relacionado con la atracción sexual.

De cualquier modo, “los avances recientes en biología sobre vínculos de pareja indican que no pasará mucho tiempo antes de que alguna persona poco escrupulosa meta una poción farmacéutica del amor en nuestra bebida”, pronostica Young. “Y si eso sucediera, ¿nos importaría? Después de todo, el amor es locura”, reflexiona el investigador.


Publicado por Hoy, en:
http://www.muyinteresante.es/index.php/salud/6261-el-amor-es-pura-quimica
miércoles, 28 de enero de 2009 | By: Luis Alberto Medina Huamaní

La leyenda del ÁRBOL HEMBRA..


Navegaba en estos días en la Web, buscaba si por allí aparecía un poema que escribí hace algún tiempo y que colgué en alguna página que ya ni recuerdo -esto sucedió antes, incluso, de conocer a las ents (personajes mitológicos de la saga de El señor de los aillos-. El poema, erótico, representa la imagen de un árbol hembra, un árbol sexuado y terrible; no se me ocurrió mejor idea que titularlo "Árbol Hembra". Me topé, en estos días -decía yo- para gran sorpresa mía, con esta historia grandiosa (que, originariamente, nada tiene que ver con el poema mío, pero que se realaciona con él de un modo tan imprecionante): la leyenda de un árbol hembra tan erótica -y no solo erotizada como en el caso del poema mío- que quiero compartir con vosostros.
Aquí va entonces la mencionada leyenda, con una fotografía espectacular e increiblemente verosímil:
(te invito, además, a leer el poema del que hablo, líneas más abajo)

De antiguo es conocida la gran capacidad de adaptación de los árboles a las condiciones medioambientales más adversas. Ya desde Felipe II, que taló media España para construir una invencible flota de navíos que acabaron en el fondo del mar, la barbarie humana no ha cejado en su hostilidad contra la naturaleza. Otrora, las grandes masas forestales, los inmensos y tupidos bosques de sombra imperecedera fueron desertizándose debido a la tala indiscriminada, dando paso a paisajes yermos y esquilmados, donde la vegetación era cada vez más escasa. Los árboles crecían aislados, cada vez más distantes, haciendo dificil su reproducción y su supervivencia. Pero la madre naturaleza, que ante todo es madre, viendo el escarnio y la locura de los hombres ideó un plan para que los árboles no murieran en tamaña soledad. Asi nació el árbol hembra, único en su estirpe, con un mecanismo semejante a las plantas carnívoras inferiores, dotado de una enorme vagina en su corteza, dispuesta a aprovechar la proteina animal.
Así las cosas, el principal problema ahora consistía en buscar la víctima propiciatoria. Consciente de ello, el árbol hembra eligió para su emplazamiento una ruta de pastoreo, y esperó paciente a su presa. No tardó mucho en llegar a la zona un tal Juan de Avellaneda con su rebaño de ovejas. Era mediodía y el lugar era ideal para el descanso. Mientras las ovejas pacían tranquilamente, Juan se fue a echar la siesta a la sombra del árbol, en el lado limpio del tronco, sin darse cuenta de la enorme vagina que acechaba a su espalda. Mientras dormía, las ramas cercanas se extendieron sujetándole brazos y piernas. Juan despertó aterrado, pero ya era demasiado tarde, ya estaba inmovilizado. Pidió socorro, pero aparte de sus ovejas, que huyeron despavoridas, nadie podía oirle. Fue girado por las ramas hacia la enorme y resinosa vagina. Las ramas mas finas se extendieron y sacaron su pene con cuidado de no dañar el preciado tesoro y lo incrustaron en la voraz vagina. Juan fue ordeñado meticulosamente, sus testículos fueron vaciados en una enorme agitación de hojas, hasta que el esperma del pastor se mezcló con la savia y fecundó el árbol.
Al terminar, las ramas soltaron al maltrecho pastor. Juan intentó salir corriendo, pero al dar dos pasos notó que sus pies se hundían en la tierra y sus dedos se estiraban enraizándose. Algo le habia inoculado el árbol que se volvió rígido. Sus ojos se tornaron blancos y de su cabello brotaron diminutas hojas rojizas. Se habia convertido en hombre árbol.
Con el tiempo, el acontecimiento fue conocido. Visitaron el lugar expertos botánicos que decidieron bautizar a tan extraño especimen de árbol hembra con el nombre científico de "castanifolia vaginalis". Con el desdichado pastor, poco pudieron hacer, salvo extraerle algunas muestras de su rugoso tejido corporal, ya que cada vez que intentaban sacarle del suelo, sus raices sangraban. El lugar fue vallado y asi surgió la leyenda del árbol hembra.



24/01/2008 23:53 Autor: lascivo. #.
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Autor: columna

Es que la naturaleza es sabia.
Creo que fue el mismo reyezuelo el que de Aragón que era un enorme sabinar desieto, lo que conocemos hoy por Los Monegros.
Ahora nos toca pensar, que nos sucederá con el cambio climático,¿nos convertirán en arena para garantizar la costa de las playas o tal vez los tiburones nos nos metan por el culo el chapapote que andanos dejando?.
Dale un beso de mi parte al árbol hembra cuando lo veas otra vez, pero eso sí, asegúrate de que está dormido.
Fecha: 25/01/2008 18:27.


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Autor: Luis Alberto Medina

Vaya... buscaba de casualidad en la red si aparecía por allí el poema que escribí hace algún tiempo, titulado, precisamente, árbol hembra y he aquí la sorpreasa que me llevo: existe una leyenda del árbol hembra (la fotografía está imprecionante.... Os invito a leer el poema: "Sentada, de espaldas bajo una gota de lluvia/ bella y terrible árbol hembra/ cabellera verde rizada de hojas"
Fecha: 26/01/2009 15:30.